Dualcillo

Encuentros con la mente.

Lo mejor que me ha pasado en la vida.

Hace exactamente un mes, tuve la experiencia más maravillosa en lo que va de mis 31 años de vida. Fue una de esas situaciones que según la lógica impuesta por el ritmo de la sociedad, debería ser tratada como algo terrible.

En estos casi 12 meses de vida totalmente nómada sobre una bicicleta a lo largo y ancho de Latinoamérica, lidiando con fronteras, catástrofes migratorias como la que acontece en las fronteras entre Nicaragua y Costa Rica con el éxodo cubano. Experimentando con la comida deliciosa de cada lugar, la peruana, hasta ahora, se lleva el primer premio con diferencia a salvedad de las empanadas Salteñas de Tarija, Bolivia.

Cientos de anocheceres espectaculares. Desayunos en parajes increíbles. Cielos nocturnos que ni en las mejores imágenes de la National Geographic veríamos. Bodas, naturaleza, árboles, selvas, fauna. Abrazos y emociones de pacientes hospitalizados con cánceres terribles y que ven en mí, un empujón de esperanza. Algo a lo que aferrarse para seguir vivos. Conocer sus historias de Vida, con lo que han peleado y lo que les queda por guerrear.

Todo lo que has leído, por muy increíble que sea, no tiene punto de comparación con lo que sucedió en Cafayate, Salta, Argentina. Tras 10 meses pedaleando, recibiendo energía, haciendo gasto de los ahorros y el dinero enviado por gente que realmente cree en este rodar contra el cáncer.

¿Qué sucedió? Me quedé sin dinero. Fui a sacar plata para poder ir a comprar agua (necesito un patrocinador que se haga cargo de la cantidad de agua que ingiero y es que, esto de no tener estómago implica un cuidado extremo en cuanto a lo que me llevo a la boca) y ¿qué sucedió? Los fondos de su cuenta son insuficientesMierda. ¿Y ahora, qué?

Lo que sucedió a continuación fue una serie de pensamientos que ahora que me siento a escribiros esto, puedo describirlos como realmente interesantes:

  • Llevas desde los 13 años lidiando con una condición genética que, de momento se ha llevado colon, recto, estómago y vesícula biliar y aquí estás, pedaleando.
  • Has sobrevivido a dos intentos de la Vida de llevársete al otro barrio en quirófano y post operatorios y aquí estás, pedaleando.
  • Casi te atropella un camión en Costa Rica si no llega a ser por un ángel que te sacó de la carretera en aquella caída en las primeras semanas de ruta y aquí estás, pedaleando.
  • Viajas sólo, no conoces a nadie hasta que llegas a los lugares, desconocidos y a veces peligrosos y aquí estás, pedaleando.
  • Bogotá casi se lleva tu viaje por delante tras aquella terrible obstrucción intestinal que te hizo conocer el miedo más atroz de tu existencia y aquí estás, pedaleando.
  • Estás viviendo el sueño de decenas, cientos y posiblemente miles de personas que has ido tocando con la historia de tu Vida cuando podrías estar tranquilamente sentado en el sofá de tu casa en València disfrutando de la compañía de tu gente y aquí estás, pedaleando.
  • ¿Cómo narices vas a dejar de pedalear por quedarte sin dinero? 

Haber pasado por situaciones tan poco habituales desde una edad tan temprana para cualquier persona, me ha permitido romper con todo el sistema que hay a mi alrededor. No me caso con nada ni con nadie. Todo es cuestionable y de todo se puede aprender. Nada hay definitivo. Vivo al día y me enfrento con lo que surja porque oye, ¿por qué no voy a poder hacerlo?

Saber que cuento con esa liberación mental que me saca de órbita de cualquier imposible que se plantee y es que lo normal es que yo no estuviera en condiciones de pedalear por Latinoamérica cargando con todo ese peso y oye, lo estoy haciendo y ni tan mal. Ese momento en el cajero de Cafayate, esos días de proceso interno, que por supuesto fue realmente duro, me permitió darme cuenta de que algo así no iba a pararme.

No tener dinero no iba a matar la intención de seguir enviando un mensaje alto y claro contra el cáncer y cualquier situación jodida de vida: SOMOS CAPACES DE COSAS INCREÍBLES. Si yo, sin todas estas piezas puedo hacer este viaje, ¿de qué no eres capaz tú?

Gracias, Pachamama, por haberme regalado ese momento de desamparo lejos de casa, de los míos. Por encargarte de manera constante de destruir mi zona de confort. Gracias, realmente, porque ese fue el mensaje último que necesitaba del Universo. La emoción mueve el mundo. Mueve mi mundo.

¿Qué mueve tu mundo?

¡Anímate y sigue el viaje a través de Facebook e Instagram!

 

 

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Tirar.

(De or. inc.). Tiene tantas acepciones como percepciones tengo yo de mi alrededor en función de cómo me despierto, de ahí que no pueda indicar bien cual es la etimología del término.

Una vez terminada la pedantería, voy a lo que he venido que es a hablaros de algo que llevaba tiempo sabiendo pero que no era consciente de lo importante que era en mi día a día. Tirar, ya sea de una puerta, del carro, de la manta, de tópicos y así hasta terminar con la lista de diferentes usos del verbo.

Llevo tirando desde que tengo uso de razón. En casa siendo el mayor de 7 y cargando con una serie de responsabilidades que llegaron impuestas y contra las que, por desconocimiento de otras situaciones familiares, no pude luchar sino adaptarme a ellas y aceptarlas, tirando de ellas.

Tirando de puertas que cada uno debería abrirse y olvidar el terrible concepto de la caballerosidad, de ser un gentleman.

Tirando de tópicos para definir lo que tengo alrededor en vez de describirlo como me nacía de manera visceral.

Tirando del carro del Proyecto Runnife.

Y así podría seguir hasta lograr que os durmáis con mis desvaríos. ¿Qué ha sucedido? He corrido esta semana en dos días cerca de 30 kilómetros y me he sentido totalmente ligero, desconectado de esa sensación de ser un percherón.

Me asomé en cada una de las salidas a correr a los miradores que los ascensos y la propia vida me están regalando  y encontré que no me daba respiro a mí mismo. Que no daba opción a tomar esa bocanada de aire fresco que siempre recomiendo a los que tengo cerca y es que ya sabéis aquello de en casa de herrero… y vi que no quería ser ese que decía una cosa pero a sí mismo se hacía otra.

¿En qué momento se me considera encargado de lo que hacen o dejan de hacer mis hermanos en casa? ¿Por qué decido que soy el encargado de hacerme cargo de una relación de pareja? ¿Quién soy yo para pensar que tengo que empujar a nadie a ir a mi ritmo ascendiendo al Mombacho? ¿Para qué he intentado convencerme de que me tiene que ir la vida en sacar adelante Runnife y lo que conlleva?

Soy mi propio castigo y he intentado culpar de esto a mis padres toda mi vida cuando ellos “sólo” han hecho lo que han considerado que era bueno para mí en función de ellos pero no me he encargado de tomar las riendas en serio de lo que es mi vida. Qué sencillo es culpar al que tienes al lado en vez de tener los cojones de decir, tío, lo que eres es un idiota con miedo. Y es que me he dado cuenta de que tengo un único miedo en este mundo. Tengo miedo de mí mismo. De no sentirme a gusto con lo que hago o de no ser capaz de disfrutar de todo lo que quiero disfrutar.

Es tan grande el peso que vuelco en ello que directamente ni disfruto totalmente de lo que tengo. Chema me dijo hace unas semanas que soy de las personas que conoce que más rápido se adapta y se construye en función de las cosas que va aprendiendo y hace dos días que me lo estoy tomando a pecho, lo de aprender a no tirar.

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Puedo decir con calma que me siento libre de cargas o directamente de tener la sensación que lo que manejo es una carga y no algo que vivir o disfrutar. No cargo con mi relación, ni con mi familia, no cargo con mis amigos y con su felicidad. No soy nadie. Literalmente. Sólo soy Juan y no puedo con todo y no voy a destrozar mi vida intentando hacerme creer que puedo con todo sólo porque hasta ahora lo haya logrado.

Y para celebrarlo, mañana me voy a correr otros 10k, el sábado para preparar la carrera con Coco Mango cerca de 16 y el domingo más. Tengo que dar las gracias a quien me recomendara leer a Murakami y es que su De qué hablo cuando hablo de correr está siendo una genial referencia.

 

Agradecido.

(Del part. de agradecer). Como si de Miguel Ríos se tratara, en este instante en el que me encuentro sentado en la cama frente a la pantalla del ordenador haciendo memoria de todo lo que ha ido sucediendo este último tiempo, sólo me nace un post. Salgo en tres semanas hacia la que será la aventura de mi vida.

Una auténtica animalada física y sobretodo mental. Eso mismo me lleva a estar tranquilo puesto que en cada burrada que he ido haciendo, la media maratón de Barcelona, los 20 y 32 kilómetros de trail running en las Dales Trail Series, el Coast 2 Coast, siempre habéis estado ahí empujándome. Sorprendidos por cómo este maltrecho cuerpo tiene tanta tralla a veces y otras, simplemente preocupados por si me voy a hacer daño y si puedo realmente con estas cosas en las que me meto.

Os habéis convertido en mi padre, mi madre, mis hermanos, con cierta distancia claro, pero habéis pasado a ser mi familia aunque no se si lo llegáis a sentir. Es genial haber pasado por tantos estados emocionales y haber podido compartirlos con vosotros en este espacio que ahora será absorbido en la web de www.runnife.com que mañana verá la luz a eso de las 15h de Inglaterra.

¿Cuántas veces habéis sonreído y os habéis emocionado conmigo? ¿Con esta tontería que ha ido creciendo día a día? Levantad la mano los que os habéis parado a pensar que realmente no voy a sobrevivir a lo que me espera en Sudamérica entre tanto acampar y tanto rodar. Como canta Loquillo, apuesto por el rock and roll. Apuesto por mí y por ti. Porque de toda esta aventura pueda salir un cambio. Que seamos portadores de ese mensaje de que se puede hacer todo lo que quiera tu mente aunque siempre hayas creído que no.

¿Por qué no hacer de esto el nacimiento de un movimiento en el cual nos importe una puta mierda lo que piense el de al lado? Que te de igual si es taurino, poeta, gay o prefiere los gatos. Que vote a unos o directamente no vote a nadie. Esa persona puede estar pasando un mal momento y la estamos juzgando cuando solo necesita tu mano. Esa misma mano que yo te he podido brindar sin querer y que en su momento me ha sido dada a mí. Se aventurero en eso conmigo.

Siempre me gustó la idea de cambiar el mundo. Ahora me he dado cuenta de que no quiero cambiar el mundo. Quiero cambiar mi mundo. Si cada uno cambia el suyo igual sale algo bueno e interesante de todo eso.

Objetivo.

5. m. objeto (fin o intento). Me he dado cuenta. Por fin, he sido consciente de que no es un trayecto, un viaje sin ningún tipo de intención. La idea nació con la misión de ayudar, compartir vivencias y crecer, hacerme todo lo grande que pueda, aspirando cada aroma nuevo durante algo más de 7000 km, a través de 9 países (sin contar UK) pedaleando libre y feliz. ¿Qué sentido tiene no volver a casa en el momento en el que cruzas la línea de destino para poder agarrarte a los que han sido tus columnas durante años? Ninguno, así de sencillo, es algo que se me grabó a fuego al ver el biopic de Into The Wild, “la felicidad no es nada si no se puede compartir“.

Claro que lo voy haciendo por RRSS. No obstante, tras leer El Mundo Amarillo de Albert Espinosa, (libro curioso porque en muchos tramos era leerme, a pesar de que no comparto muchos puntos de vista), hice mío un gesto que, seguro os extraña, los abrazos. Los que me conocéis sabéis que soy más arisco que un gato. Por eso, tras leer y pensar que podía ser algo bueno para mí, una vez más, me he deshecho de la zona de confort para probar cierta teoría más o menos científica relacionada con los abrazos y la oxitocina, hormona muy relacionada con el bienestar. Resulta que va funcionando conforme la he ido poniendo a prueba y joder, se ha convertido en el título de esta entrada.

Todo viaje, como la novela de mi vida, tiene un inicio, un trayecto y una finalidad. Creía que la finalidad era recaudar dinero para ayudar a quien fuera posible, en la investigación sobre el cáncer y poder ayudar a visualizar a aquellos que lo pasen mal, que podemos hacer lo que queramos. Que no hay nada que nos pueda parar más que nosotros mismos. Estas dos cosas, son motivaciones, el ánimo, la gasolina que hace que vayas hacia esa meta, a llegar a Ushuaia, “The End Of The World” con una única intención (aparte de la de no matarte pedaleando mientras lloras y ríes a la vez como experimenté al visualizar el mar en el Coast 2 Coast) de abrazar. De que me rodeen. De dejarme cuidar, por una vez en mi vida, sin estar postrado en una cama de hospital.

Querer es poder y quiero ese cuidado, es más, lo necesito. He conseguido rodearme de la mejor gente que se pueda encontrar y sería un despropósito no vivirlos plenamente. Quiero el abrazo huesudo de Enrik, el que huele a tabaco de Mariano, ese que es incómodo, siendo mi padre, el abrazo de Gracia, quiero el abrazo de Rita

  (es la manera de tener el abrazo de Ana), el de Viko y Ana pringados de miel, el de Laura en Barcelona, Stef, John, Beth y Pete en Masham y, a saber como me trata el viaje y si consigo tener su abrazo. Ella sabe qué abrazo es.

Nunca he sabido cuál era mi destino. Ahora se que el destino es mi gente. Aunque sea dando muchos tumbos durante, que tampoco vamos a ponerle puertas al campo.

Ps: ¿Como llegar a destino con mayor solvencia? Si me echáis un cable con el crowdfunding. ¡Gracias! https://www.trevolta.com/trips/giving-inspiration-from-yorkshire-to-ushuaia-29879

Pero.

(Del lat. per hoc). El lunes me llevé un golpe. Nada serio, simplemente, no lo esperaba, a pesar de ser algo que se que puede aparecer. No sucedió nada grave. Madre me envió los resultados de las últimas revisiones (sí, 3 meses más tarde y tras nosecuántas reclamaciones por ellos, cosa que ya no viene al caso) y todo estaba bien. ¿Todo? Sí, a grandes rasgos, sí. Excepto una pequeña aldea gala que se empeña en dar disgustos al romano que no ceja en su empeño de conquistar el mundo que tiene a su alrededor. Ese romano, soy yo. Esos galos empeñados en hacer de las suyas, los pólipos. Los benditos pólipos que me han acompañado toda la vida desde que tengo conciencia. Los pequeños compañeros de viaje a los que, aunque suene raro, he de agradecer mi manera de ver la vida hoy por hoy.

Las biopsias eran correctas. No había que preocuparse. Hasta que eres consciente de que unos de esos pólipos, resulta ser un adenoma, vamos, los galos sin su poción mágica. Empezaron a llover “peros” a mi cabeza. “No son malos, pero pueden serlo”, “pero si le prestas atención, se te va a ir la vida”, “pero por qué siempre que estoy en un momento de bienestar mental y físico, me ataca este maldito gen”. Y así, durante horas.

Me afectó seriamente en el trabajo, no el hecho de lo que me dijeran, puesto que no dejan de ser resultados. Fue la tormenta de opciones que aparecían en mi mente. ¿Y si era sensato no hacer la insensatez del viaje a Sudamérica? ¿Y si lo mejor es quedarse con los que te importan? ¿Por qué no estar tranquilamente peleándote con el día a día? Se me había ido la cabeza muy lejos. Hasta que, horas más tarde, entre lágrimas y delante del Whatsapp (gracias a la tech de hoy en día que hace que la distancia no sea mayor que 1s y 0s cuando sabes perfectamente que el que te has ido por tu propia cuenta y riesgo eres tú), hablando con mi tío Mariano (un señor mayor, con bigote y refunfuñón. Todo un cascarrabias al que quiero con locura por su manera de ver las cosas y no resignarse aún habiéndose jubilado), me hizo ver que no hay más bloqueo que el que yo me quiera poner.

Mi límite soy yo. Los peros que pueden aparecer en el día a día. Esos pequeños meandros que, cuando los sumas, obtienes una enorme cantidad de agua dejada detrás en el río y que no estoy dispuesto a perder. Te enseñan cosas, crean vidas paralelas, cierto. No obstante (cuesta no decir pero), no es el campo de arroz que al que se supone, está destinada ese agua que considero mi vida.

Cuando volví a ver claro cual era la causa del bloqueo, de la sombra que me entristecía, hice una de las cosas que mejor se me dan. Enfrentarlo fuera cual fuera el resultado. A las bravas, como siempre, sabiendo que se aprende a base de golpes, sombras y deslices. Esta vez, aprendí que conmigo, no hay pero que valga. Que no es una palabra que quiero en mi diccionario. Que me deshago de ella. No es sencillo, claro que no. Aunque, ¿qué valor tienen las cosas que no cuestan? Mayor esfuerzo, mayor recompensa.

Voy a seguir usando el pero en su forma femenina. Pidiéndole peras al olmo, que se me da muy bien. Buscando las cosquillas de la vida.

Tengo que aprovechar, para introducir aquí, la web del crowdfunding creado para llevar a cabo en mejores condiciones, esa búsqueda de peras en olmos que es la trastada de rodar en bicicleta por Sudamérica. Os invito a que me acompañéis sin pero alguno: https://www.trevolta.com/trips/giving-inspiration-from-yorkshire-to-ushuaia-29879

Gracias de antemano.

Ps: Me encanta esta ventana que acabo de abrir a mis sentimientos por primera vez aquí.

Lista.

(Del germ. *lîsta; cf. a. al. ant. y nórd. lîsta, ingl. list, franja, orillo). ¿Quién no ha hecho la lista de la compra porque cuando se ha ido al supermercado, se le olvidan siempre cosas importantes que comprar? De pequeño, iba a comprar a los ultramarinos de debajo de casa y Juan, el dueño de la tienda, un señor muy majo, con gran tripa y un negro bigote enseguida me caló. Mi mente siempre se perdía por los estantes en busca de qué debía subir y empezaba a divagar, al final, sólo volvía a casa con 3/4 partes de lo que tenía pendiente por comprar a lo que Madre, con cara de pocos amigos, me devolvía a la tienda a por lo que faltaba. “¡Hombre! ¡Juan El Olvidadizo!” Y así, por no hacer listas, me gané mi primer apodo. Por no hacer listas y por dejar que la cabeza e imaginación fantasearan.

Recuerdo esos momentos en los que empezaba a hacer las listas y todas las que han venido detrás. La lista de los libros que comprar para la universidad, la lista de cartas de Magic que me faltaban para tener una baraja de Ratas, la lista de películas y series que optan a tu top 10 y que todos somos capaces de discutirnos. Siempre, acababa fantaseando con alguna cosa de por medio y todas esas listas terminaban con dibujos totalmente aleatorios y sin sentido, entre medias de cierta seriedad.

¿Habré dejado de ser Juan El Olvidadizo? ¿He dejado de ser ese niño? Es algo que nos preguntamos todos más o menos a menudo, cuando te das cuenta de que estás totalmente inmerso en la máquina que es el mundo. Pero de esto, ya hablaremos más adelante. Volvamos a las listas, tras este evidente despiste propio.

Que levante la mano quien no sepa la animalada que estoy preparando. Vale, tú, ve y lee un par de posts atrás o dejo de ajuntarte.

Justo hace una semana, hablando con una amiga, me di cuenta de que no tenía preparada lista alguna para la andanza en bicicleta por Sudamérica. Eso mismo, llevó a que ¡no tenía idea alguna ni era consciente de la barbaridad que se me presenta de frente! ¿Mi respuesta? Reír bajo el agua de la ducha y pensar: “Juan El Olvidadizo, más te vale que esta lista, la hagas a conciencia”. Y es que, no dejan de ser más de 7000km arriba y abajo, durmiendo al aire libre donde se tercie, haciendo lo que todos imagináis y que hago bastante a menudo, por cierto [nota mental, hacerme con mucho papel higiénico]. Desde elegir si lona de vivac o tienda de campaña a las alforjas adecuadas, pasando por ciertos recuerdos que quiero llevar conmigo, sí o sí, ligeros, en papel, para esos momentos de debilidad que SEGURO aparecen, ya que, por mucho que a veces no pueda parecerlo del todo, soy humano y tengo emociones que son complicadas de gestionar en instantes de inseguridad y soledad.

Pero eh, eso también está en la lista, las tortas de “Dual, no seas capullo y quédate con nosotros”, los abrazos de cierto beodo que solo me quiere en ese instante (porque tiene una reputación que mantener) o los puñetazos de otra persona que empuja con sentido común aunque crea que no lo termina de tener. ¿Sabéis que es lo más importante de la lista? LOS DEBERES. Como esos Cuadernos de Vacaciones Santillana. Los deberes de tomar muchas notas, aprender mucho, perderme y encontrarme y sobretodo, no dejar nunca de lado el hecho de que sin vosotros, no podría hacer esto y es por eso que puedo entregarme. Dar lo mejor de mí al mundo, puesto que eso, es lo que queda como legado, cuando nos vamos. Ese mover la cabeza en gesto de negación sonriendo y pensando, “Dualcillo, ¿por qué eres así? Locuelo, espero que esté bien”.

Comer – Eat.

(Del lat. comedĕre). ¿Os acordáis cuando, hace ahora cerca de 3 años, el simple hecho de oír hablar de comida, me provocaba malestar y agobio? Es, sencillamente impresionante, como ha cambiado ese hecho en mi vida.

Pasar de no querer saber de cocinar más que un arroz blanco que no atormentara a Segis a disfrutar realmente de meterme entre fogones y cacharros experimentando con salsas y todo tipo de ingredientes y sabores.

Dicen que el apetito está ligado al estado de ánimo de uno. No solo es cierto, sino que lo suscribo, a pesar, evidentemente, de que no tengo apetito como tal, tras todo el follón del estómago. Los pobres Pascual y Marc miran mis platos de gordo, cuando salimos a comer fuera ya casi devorados (a mi ritmo) y no puedo evitar reírme al recordar lo que me costaba el terminar con ellos, con ellos estratégicamente situados a mi vera, para no desperdiciar nada ayudándoles a ser unos gorditos profesionales.

Enric, Adán, Viki, con ese refuerzo positivo aplaudiendo al acabar con la dosis infantil de pasta del lugar de turno, el orgullo de leer en sus miradas “lo que nos estás costando de criar, hijo”. Madre preguntándome por el pedazo de pollo más pequeño en el plato, o Abu preocupada porque su nieto, “el que vive en Londres”, no come como un niño siquiera.

En las salidas a correr y las carreras de larga distancia, el cerebro pide interacción e introspección y justo sucedió en el 20k Dales Trail Series del sábado aquí cerquita, en Reeth, correteando montaña arriba y abajo. El cuerpo marca el ritmo con la respiración y el cerebro conecta con lo más profundo de tu mente. ¿Sabéis cuál fue la conclusión que saqué? Estoy comiendo mucho, sí, cada vez que termino una de estas trastadas o la sesión de crossfit de los jueves, pero aún mejor que eso. Me ha vuelto el apetito, tengo hambre, mucha, de comerme el mundo.

Gusa de probar los sabores de correr en North Yorkshire, de dejarme caer desde lo alto de los volcanes de Nicaragua, llenándome a full los pulmones de libertad y un toque de locura trotando la Transvulcania. Todo ese tipo de animaladas que solo se te cruzan en el camino y te sientes preparado para ello al liberar la mente. Me ha costado 30 años y muchos, muchos golpes pero he descubierto el poder de la ambición. Las ganas de colocar el doble check en una lista de cosas para hacer que va creciendo conforme voy cumpliendo voy tachando otras.

Jugar esta interesantísima partida de ajedrez, comerme las piezas que la vida deja desprotegidas y como peón que soy, llegar al final del tablero y cambiarme por la pieza perdida que más valoro. Dejar de ser ese peón y tomar las riendas del caballo para recorrer el terreno con la perspectiva del que sabe que ha vencido, a su manera, lo que se ha ido encontrando por el camino, con la certeza de que al ir a más, los retos serán mayores. Sonreír sabiendo que a mayor reto, mayor recompensa. Galopar a por él.

Ven. Recoge los ingredientes conmigo confundiéndonos entre los olores del mercado. Cocinemos y comámonos lo que venga.

To Eat.

(From lat. Comedĕre). Do you remember when, now about three years ago, the mere fact of hearing about food, caused unrest? It is simply amazing, how that fact has changed in my life.

From not wanting to know to cook more than white rice so Segis doesn’t get torment, to really enjoy the stoves and pots experimenting with sauces and all sorts of ingredients and flavors.

It’s said that appetite is linked to oneself mood. It is not only true, I underwrite it, although obviously I do not have appetite as such, after all the hullabaloo of the stomach. The poor Marc, Pascual look at my fatty dishes, when we go out to eat and they’re almost eaten (at my pace) and I always laugh remembering what it took me to finish them a while ago, with them strategically placed at my side, helping me not to waste anything and getting them a lovely crowd of fatties.

Enric, Adan, Viki, with that positive reinforcement cheering me up when finish the child pasta from the menu, the pride in their look watching me eat “what you’re costing us to breed, son.” Mother wondering about the smaller piece of chicken on the plate, or Abu worried about her grandson, “who lives in London,” not even eating as a child.

In the outputs to run and long-distance running, brain interaction and introspection calls and just happened in the 20k Dales Trail Series Saturday near here in Reeth, running uphill and down. The body sets the pace with breathing and brain connects to the depths of your mind. Do you know what was the conclusion I drew? I’m eating a lot, yes, every time I finish one of these pranks or crossfit session on Thursdays, but even better than that. It has become appetite, I have hunger, many, to eat the world.

Hunger to taste the flavors of racing in North Yorkshire, let me fall from the top of the volcanoes in Nicaragua, filling a lung full of freedom and a touch of madness trotting the Transvulcania. All such crazy things you can only get in the way and you feel ready for it to free the mind. It took me 30 years and many, many hits but I have discovered the power of ambition. The desire to place double check on a list of things to do that will grow as fulfilling as I’m crossing other.

Playing this interesting chess game, eating the pieces left unprotected by life as the pawn who I am, reaching the end of the board and changing for the missing piece I value most. Stop being the pawn and taking the reins of the horse to walk the land with the perspective of one who knows that overcomes, on its own way, what has been finding in the way, knowing that to go further, the challenges are greater. Smile knowing that the greater challenge, greater reward. Galloping after him.

Come. Collect the ingredients with me getting confused between odors market. Lets cook and eat whatever comes.

Cuerpo.

(Del lat. corpus). ¿Men sana in corpore sano? He aprendido que sólo si la mente está sana y equilibrada, el cuerpo, te sigue. Me ha costado un poco más de la cuenta, ser capaz de poder aprenderlo, asociarlo a la vida diaria y sobretodo, disfrutarlo. Una de las acepciones del término, es la del conjunto de sistemas orgánicos que constituyen a un ser vivo. Me hace sonreír, el hecho de pensar que, gracias a esos trozos de cierto sistema orgánico que se han quedado en el camino, pero no lejos de mí, sino bien cerca, en la piel, concretamente, son los que han conseguido que aprenda a actuar como un auténtico ser vivo.

“Pero si antes de operarte, ya eras un ser vivo, ¿por qué dices eso?” Considero que estoy en disposición de decir, con plena libertad, que no era más que un autómata que, guiado siempre por las necesidades biológicas de turno, seguía el ritmo que la sociedad marca de manera tiránica, pero no terminaba de estar pendiente de lo que mi cerebro, la parte más importante de mi cuerpo, le indicaba a mi mente. Por tanto, visto con perspectiva y habiendo madurado todo lo acontecido en estos últimos 3 años, se que no vivía y no he empezado a vivir, hasta que no he logrado seguir mi propio ritmo.

Es complicado entender ciertas naturalezas, actitudes y maneras de ver la vida. A mí mismo, ya me costaba verlo con relativa normalidad y lo miraba desde el escepticismo y la envidia, cuando me contaban que se podía vivir acorde a tus principios, ideas y en busca de la felicidad que TÚ buscas y no la que se acondiciona y presupone para ti.

He necesitado morir en vida para saber que mi mente es la que lleva a mi cuerpo a buscar esos límites que jamás pensé ser capaz de establecer y empeñarme en sobrepasar día tras día. 3 kilómetros, 5, 10, 21k 97 metros. Trail running, que no es más que el correr sin ton ni son montaña arriba y abajo, disfrutando de la brutalidad y hermosura de la naturaleza. Crossfit, ¿quién me dijo que sería capaz de esperar que llegase cada jueves a las 19 en la plaza de un pueblo perdido, en medio de la nada absoluta, en Inglaterra, para superar la barbaridad a la que se somete el cuerpo, durante una hora?

¿El próximo reto? El de compartir mi cuerpo que es la conjunción de mi alma imbuida en mi cerebro y el ritmo fisiológico de mis maltrechas y benditas partes, con aquella gente que, sin nada, son capaces de tenerlo todo. Para ello, me estoy preparando a conciencia, deshaciendo todo nudo que me ate a los límites de lo que me rodea, desatándome. Dejándome llevar por la corriente de la existencia y disfrutando del hoy a la espera de lo que mañana, me depare. Sin más ilusión que el simple hecho de que llegue, puesto que ni siquiera existe.

Nada me completará más como persona, que cada una de las experiencias que me lleven a superar las barreras que surjan.

Volar.

(Del lat. volāre). Cuando te marchas de casa (hablamos de casa como lugar de origen y no de hogar, ya que hogar, para mí, es allí donde me encuentro) al extranjero o relativamente alejado de ella, el tiempo transcurre en términos aeronáuticos. ¿Cuántas horas de vuelo hay entre tu gente y tú? ¿Cada cuánto saltas de aeropuerto en aeropuerto cual ficha del Juego de la Oca “entre puente y puente y tiro porque me lleva la corriente”? Estoy aprendiendo rápido a disfrutar del tiempo en las terminales entre idas, venidas y marchas, directamente.

Parece que no, pero me veo rodeado de gente que puede que, como yo, se aleje de casa para vivir una nueva aventura, o regrese de sus vacaciones a hacer lo que sea que hagan, o llegue en pos del amor romántico digno de Hollywood tras innumerables horas de Skype (estas cosas suceden, en la era de la vida 2.0 le cueste a la sociedad aceptarlo o no). Cuando veo este discurrir, nunca puedo evitar sonreírme y hacer back up de lo aprendido y vivido si estoy regresando, o preparándome mentalmente para lo que tenga que encontrar en casa ya que siempre sabes como dejaste las cosas pero jamás cómo te las vas a encontrar (es norma de vida que todos avancemos en nuestra vida y no puedes pretender que se te espere de manera eterna sino participar, como buenamente permiten las redes en la actualidad, en las vidas y actividades de tu gente para no estar más alejado que los miles de km que no suponen nada si las mentes están conectadas).

He conseguido hacer del “ahora me voy – ahora vuelvo”, mi vida. Modo de vida envidiable para algunos, reprochable para otros, imposible de entender para los de más allá y algo que me hace plenamente feliz y es que justo en esos tránsitos aeroportuarios, es cuando he podido valorar la inmensa suerte que tengo por atesorar lo mejor del mundo. Imposible de calcular, pero terriblemente fácil de disfrutar: mis amigos.

La salud es genial, el tener las cosas claras en la vida y vivirla al máximo es genial, las aventuras, excitantes. Pero, ¿de qué sirve si no tienes a quien te eche la bronca, o te abrace o simplemente te mire pasmado pensando “esté está loco, pero le quiero”? De nada. El tener la necesidad de la excusa de volver a casa a pesar de no saber qué encontrar, es una chocolatina que siempre, siempre, quiero abrir y comer, al más puro estilo Kinder Sorpresa.

Volar cada vez más lejos hace que mi alma y mente vuele más rápido de vuelta a casa a buscaros a cada uno de vosotros.

Cumplir.

(Del lat. complēre). Promesas, retos, palabras, años, deseos, objetivos. He cumplido años, sí. Ni más, ni menos que 30. Llevo una semana pensando en que llegara el día de hoy solo para escribir esta entrada, compartir contigo este otro trocito de mi cerebro con tendencia a salirse de lo habitual, para darte las gracias.

Gracias porque has cumplido cada una de las cosas que has dicho. Gracias porque me has empujado al límite del abismo para asomarme y poder ver, con mis propios ojos, qué es el estar muerto, para poder apreciar la vida y lanzarme a ese hueco sin miedo, sin más paracaídas que la emoción de ir descubriendo, metro a metro, lo que va deparando el camino hacia abajo.

He cumplido los sueños de algunos, que no son más que el hecho de, a pesar de todo lo sufrido, verme seguir luchando contra todo con una sonrisa de oreja a oreja. Con conciencia de que todo lo malo, permite que aprecie lo bueno. Cumplí las promesas de ir viviendo según mis principios día a día, de manera inquebrantable, con los problemas que ello supone en un mundo como el que nos rodea.

Pero sobretodo, he cumplido mi obligación, que no es otra que la de ser fiel a mí mismo. De rodearme de mala gente que me haga apreciar cada ínfimo detalle y que me empapa, que me tira de las orejas y que no me dicen lo que necesito oír sino lo que merezco, que me azotarán sin pensárselo dos veces, si procede.

Cumplo un día más, un instante que me lleva a otra reflexión. Que me realiza.